Wamena Papúa Nueva Guinea

WAMENA PUERTA AL VALLE DE BALIEM

En las tierras altas de Papúa, se encuentra la región de Jayawijaya cuya capital es Wamena, siendo el núcleo urbano de mayor concentración de gentes en los alrededores del valle de Baliem, su población es de alrededor de los 10.000 habitantes, llegando hasta los 300.000 sumando las poblaciones de todo el valle y alrededores, su aislamiento hace que el transporte aéreo sea el más común para los lugareños y mochileros que llegan a estas tierras, varias compañías aéreas locales flotan destartalados aviones. Wamena es la puerta de casi todas las expediciones que se adentran a explorar estas tierras, una de las rutas más clásicas y fáciles es recorrer el valle de Baliem, esta zona es la más trillada por los turistas y es la que hemos elegido nosotros por su fácil y rápida preparación, nuestra intención, es tener un pequeño contacto con sus gentes y geografía del lugar para posibles futuras expediciones más serias, ahora, tan solo disponemos de 5 días, ya que nuestras principal actividad de esta expedición en Papúa, ha sido el buceo en Raja Ampat.

Mercado principal de Wamena

EL VALLE DE BALIEM Y SUS GENTES

El valle, transcurre entre profundos cañones y montañas de más de 4.000 metros de altura, en su base desciende el salvaje rio Baliem, dando cobijo en sus orillas y laderas a los principales asentamientos humanos, los poblados principales son: Klise, Tangma, Wamerek, Wesagalep, Userem y Kurima, estos, habitados por las principales etnias de este remoto lugar, como son, los Dani, Lani y Yali. Los habitantes del valle, hoy en día viven en paz trabajando sus tierras y cuidando sus animales, es difícil hacerse a la idea que hace apenas 50 años a tras, eran feroces guerreros armados con arcos y flechas de bambú, manteniendo rencillas con los pueblos vecinos que a menudo terminaban como verdaderas guerras, donde no dudaban en comerse literalmente a su enemigo, con la cristianización del lugar de la mano de los misioneros que llegaron hasta estas tierras, las practicas violentas descendieron a través de los años. Para lo que parece que no ha pasado el tiempo, es en el aspecto cultural y sus costumbres cotidianas, manteniendo la forma de vivir y pensar como sus antepasados, sobre todo en la zona rural.

Hoy en día, sus costumbres están mermando en las ciudades, pero cuando te adentras en el valle y recorres sus pequeñas aldeas, te das cuenta que el tiempo pasa muy despacio, la gente siguen manteniendo toda su cultura y creencias milenaria. Las tribus que habitan el valle, son bastante similares, se las puede distinguir por su forma de vestir, los Dani por ejemplo, siguen andando prácticamente desnudos con un short y una koteka delgada para cubrir su pene, las mujeres solteras, visten falda de corteza de árbol hasta las rodillas, y las casadas, usan faldas de fibra de orquídea. Los hombres y mujeres duermen por separado, ellos en un chozo grande llamado yobi donde es tabú la entrada de mujeres y niños, ellas duermen en chozos llamados honia, junto con los niños y los cerdos encargándose del cuidado de ambos, los cerdos, desempeñan un papel muy importante en su cultura, siendo un símbolo de estatus social dentro de la comunidad, ellas no dudarían en amamantar si hiciera falta a su lechón huérfano, como si de un niño se tratara.

Los días de celebraciones y rituales visten sus mejores galas, collares de dientes de perros y pequeñas conchas adornan sus cuellos, diademas de coloridas plumas sus cabezas, y grandes colmillos de cerdo salvaje, atraviesan su nariz dándoles un aspecto de feroces guerreros, las pinturas triviales, tampoco faltan por todo su cuerpo.

Lo más tétrico, es la costumbre de amputarse una falange de la mano o bien un trozo de oreja a la muerte de un ser querido, en muchas ocasiones, se te acercaban personas con varios dedos cortados, sobretodo los mayores.

PATEANDO EL VALLE

Apenas hace un día que nos hemos despedido del grupo de buceadores, tan solo,  nos hemos quedado cinco, Anton, Imanol, Juanito, Mikel y yo. Los cinco volamos rumbo a Wamena, donde realizaremos el trekking de contacto con estas tierras. La emoción no tarda en llegar, estamos volando y todo parece surrealista, creo, que la compañía en la que volamos, es la que tiene el récord mundial de accidentes aéreos, en diez años se han caído 22 aviones y el gobierno hace unas semanas, ordeno que todos los aviones de la compañía pasaran un revisión, más tranquilos estamos pero el espectáculo es alucinante, yo, voy sentado sobre los alambres del asiento que no tiene relleno, si apoyo el brazo en el reposabrazo del asiento, es posible que me haga un corte con una chapa afilada que sobresale no se de donde, algunos compartimentos de maletas, no se pueden cerrar, están totalmente desencajados, los paneles de plástico que forran todo el fuselaje interior, están destrozados, hay barro por todas partes y el olor a humanidad mezclado con olor a humo de "chosca" es insoportable.

Los cinco volamos rumbo a Wamena

Ya, sin ninguna importancia, alucinábamos con el pasaje, la gente baja de los poblados para pillar el avión que es el único transporte que tienen, muchos, tiene que andar varios días  sin poderse dar una duchita, las ropas llenas de barro del camino, sudadas y rotas, contrastan con la azafata inmaculada que sonríe todo el rato y nos ofrece un caramelo, las caras de las gentes de campo solo muestran pánico a volar, unos se enroscan la cabeza con los brazos y cierran los ojos, otros apoyan la cabeza en el asiento de delante y parece que rezan y otros, se agarran a los alambres de los reposabrazos como si fuera su salvación, estas posturas las mantienen durante todo el viaje, y la verdad, que un poco de nerviosismo si que se respira por todo el avión. Menos mal que solo tardaremos 45 minutos en llegar.

Se respira la altura a la llegada a Wamena, hace fresco y llueve, cubierto por unas lonas que hacen de recepción del aeropuerto, nos esta esperando el amigo Fuji, personaje que nos ha organizado los próximos días en el valle, amablemente nos conduce a su oficina y nos invita a un cafe, nos comunica que preparemos todo que en una hora partimos, nos presenta a Cosman guía local y a los porteadores, lo primero que nos llama la atención, es que nos han encasquillado a siete o ocho porteadores, ni que fuéramos a escalar un ochomil, pero bueno, es mano de obra que viene muy bien en una región donde no hay apenas ningún ingreso, solo de turistas y esta empezando ahora.

El amigo Fuji, personaje que nos ha organizado los próximos días en el valle

Después de las últimas compras en el mercado principal, recorremos en coche una carretera pequeña y corta que nos deja a las puertas del valle de Baliem, terminamos el corto recorrido de apenas media hora en una explanada donde la carretera se corta por un gran desprendimiento del río, empezamos la caminata cruzando el caos provocado por los desprendimientos y continuamos la carretera andando, una hora más tarde estamos firmando el libro de visitas del Parque Nacional en unas dependencias militares, por fin, estamos adentrándonos en el pasado, a partir de ahora dejamos la pequeña carretera y solo nos queda disfrutar de los parajes y gentes de este lugar.

Andar por estos lugares es apto para todos los públicos, las jornadas no son muy largas aunque hay que superar muchos desniveles a lo largo del día, el sendero aveces se complica un poco, muchos son los barrancos que hay que descender y ascender, en estas ocasiones la senda se convierte peligrosa por culpa de un finísimo barro que resbala mucho, los desniveles en ocasiones son muy vertiginosos, tenemos que tener especial cuidado para no caer al fondo del valle en estos pasos, los cruces de ríos se realizan por puentes artesanos, alguno de ellos un poco descuidados, tenemos que tener cuidado de no pisar madera podrida y cruzarlos uno a uno para no cargarlos demasiado, por lo demás es prácticamente un paseo muy agradable.

Puentes artesanos, alguno de ellos un poco descuidados

Sabemos que hemos elegido el trekking más comercial de los muchos que se pueden hacer por estos parajes, pero nuestra intención, simplemente es conocer el lugar para posibles expediciones más serias, en este viaje, el objetivo más importante ha sido el buceo de exploración en Raja Ampat, reservando solo unos pocos días para esta actividad. Pronto podemos observar en las aldeas, la contaminación del turista que condiciona mucho el comportamiento de sus gentes, te das cuenta que eres participe de suculentos ingresos en la comarca y por donde pasas vas contaminando un poco a sus gentes, esto ya sabemos que tiene sus ventajas he inconvenientes, si pensamos en positivo, me quedo con que nuestros ingresos al hacer el trekking, se reparta lo mejor posible entre los porteadores, guía local y los poblados en los que hemos pernoctado, se trata de gente muy sencilla, que afortunadamente comen todos por aprovechar al máximo sus tierras en las laderas del valle, pero carecen de cualquier servicio publico para mejorarles sus vidas, si te pones malo, el único que te podrá curar es el chaman del pueblo y si te tienen que desplazar por urgencia, toca patear en algunos casos varios días con ayuda de tus vecinos hasta la ciudad.

Los días van pasando tranquilamente y disfrutamos del terreno, el penúltimo día por la tarde pasamos un mal rato, en el paquete del trekking, te entra una representación de la fiesta del cerdo, sacrifican a un cerdito con arco y flecha, después lo preparan al fuego envuelto con hojas y piedras calientes y otros alimentos, las gentes se adornan con todo el arsenal, cuernos en la nariz, pinturas tribales y sus mejores plumas, la verdad que es llamativo, por su colorido y por sus danzas, pero sabemos que todo es un "paripe" y en vez de asombrarnos y disfrutarlo, lo que nos deja es una sensación de verguenza y mal rollo, en nuestros pensamientos coincidimos los cinco y nos preguntamos, que hacemos aquí, nosotros no estamos acostumbrados a estas "giriladas", pero si tenemos que pensar en algo positivo, te quedas con que esa tarde, ademas de comerse un cerdo todo el pueblo, les supone un ingreso extra para las arcas del poblado.

Sacrifican a un cerdito con arco y flecha, después lo preparan al fuego envuelto con hojas

Todo termina con cinco días de pateo por el valle, la sensación es buena y como complemento al viaje de buceo, genial, después de tirarnos once días en el barco metidos, hacia falta un poco de espacio y que mejor rodeado de montañas y ríos impresionantes, como siempre, la convivencia con los compañeros y los lugareños inmejorable, destacar el papel de Mikel, para el era la primera vez que se desenvolvía en una actividad como esta y a pesar de sus problemas con la espalda (la edad que no pasa en balde), se comporto como un campeón, lucho con todas las cuestas y con sus dolores sin rechistar, seguramente, por que es vasco.

Mikel, Vicen, Imanol, Antón y los amigos porteadores. Foto: Juanito

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